LA RENDICION DE BREDA


LA RENDICION DE BREDA
Coloquialmente conocido como las lanzas, oleo sobre lienzo de 307 x 367 cm pintado por Velázquez, y que se encuentra actualmente en el Museo del Prado de Madrid, Fechado en 1635 representa un episodio de la Guerra de Flandes ocurrido el 5 de junio de 1625. Tras un año de sitio por las tropas españolas, la ciudad holandesa de Breda se rindió, por lo que su gobernador, Justino de Nassau, entregó las llaves de la ciudad al general vencedor, Ambrosio de Spínola. Pero no se representa una rendición normal sino que Spínola levanta al vencido para evitar una humillación al derrotado; el centro de la composición es la llave y los dos generales. Las tropas españolas aparecen a la derecha, representadas como hombres experimentados, con sus picas ascendentes. A la izquierda los holandeses, como hombres jóvenes desordenados e inexpertos. Al fondo las humaredas de la batalla y una vista en perspectiva de Breda. La composición estructurada en dos rectángulos: uno para las figuras y otro para el paisaje. Los hombres se articulan lo largo de una equis en profundidad. La técnica pictórica que utilizada no es siempre la misma, sino que se adapta a la calidad de los materiales.

RENDICION DE LA CIUDAD DE GRANADA.

RENDICION DE LA CIUDAD DE GRANADA.
Ayer estuve en Granada, viendo los reyes magos de oriente y me ha inspirado para este post, hablar sobre este cuadro épico que muestra esas grandes batallas de la antigüedad.
El Senado encargo en 1882 esta obra a Francisco Pradilla. El pintor se traslado desde Roma a Granada para tomar apuntes de la ciudad durando varios meses. A su regreso a Roma se dedicó en exclusiva a esta obra. Pradilla representa el momento en que el rey granadino Boabdil el Chico hace entrega de las llaves de la ciudad de Granada a los Reyes Católicos, el 2 de enero de 1492. El cuadro esta poblado por muchos personajes. En la zona derecha los Reyes Católicos con  amplio cortejo: el conde de Tendilla, el Gran Capitán, la infanta Isabel y el príncipe Juan. La zona del fondo el ejército español y en la izquierda el rey Boabdil y sus fieles. Las almenas de la Alhambra y las casas blancas del Albaicín sirven de fondo. La composición: estructura, una diagonal de derecha a izquierda, dejando el espacio central libre para contemplar al ejército. La perspectiva conseguida gracias a las ruedas de los carruajes. El pintor resalta la figura de Isabel la Católica, el pintor ha colocado detrás un ciprés, reproduce cada detalle de las indumentarias y los accesorios. El realismo define la escena, tanto en color como en composición, resultando una obra de gran belleza. Alfonso XII otorgó a Pradilla la gran cruz de la Orden de Isabel la Católica y el Senado pagó al pintor 50.000 pesetas de la época. Actualmente este oleo sobre lienzo de 330 x 550 cm, de estilo eclecticista se encuentra en el Senado Español.

GOYA: DUELO A GARROTAZOS O LA RIÑA


GOYA: DUELO A GARROTAZOS O LA RIÑA

En España también se jugaba al Eskrima kali pero de verdad.
Fuente Wikipedia
Duelo a garrotazos
Francisco de Goya, óleo sobre revoco, trasladado a lienzo, 123 x 266 cm, Museo del Prado.
Detalle de la fotografía de J. Laurent (sin retoque), realizada hacia el año 1873, antes del traslado de la pintura de la Quinta de Goya. Se pueden apreciar algunos trazos de la parte inferior de las piernas.1 Charles Yriarte, quien contempló in situ las pinturas antes de ser arrancadas de la Quinta del Sordo, ya había interpretado en 1867 que los duelistas luchaban sobre un campo de hierba, y no enterrados en barro hasta las rodillas.
Duelo a garrotazos o La riña es una de las Pinturas negras que Francisco de Goya realizó para la decoración de los muros de la casa —llamada la Quinta del Sordo— que el pintor adquirió en 1819. La obra ocupaba un lugar en el muro de la izquierda mirando desde la puerta de la planta alta de la casa, compartiendo la pared con Las Parcas y dejando en medio una ventana.
El cuadro, junto con el resto de las Pinturas negras, fue trasladado de revoco a lienzo, a partir de 1874, por Salvador Martínez Cubells, por encargo del barón de Erlanger,un banquero francés, que tenía intención de vender las pinturas en la Exposición Universal de París de 1878. Sin embargo, las obras no atrajeron compradores y él mismo las donó, en 1881, al Museo del Prado, donde actualmente se exponen.
La interpretación tradicional del cuadro ha sido la de dos villanos luchando a bastonazos en un paraje desolado enterrados hasta las rodillas. Independientemente de que estuvieran enterrados, este tipo de duelos se producían en la época al igual que los de caballeros, solo que, a diferencia de estos, las armas eran garrotes y carecían de reglas y protocolo: padrinos, cuenta de pasos, elección de armas.
El investigador británico Nigel Glendinning ya había señalado las diferencias entre las pinturas actuales y el estado que presentaban las Pinturas negras antes de su traslado y restauración, documentadas en una serie de fotografías que sobre ellas hizo Juan Laurent. A fines de 2010, otro estudio de las imágenes de Laurent realizado por Carlos Foradada, pintor y profesor de Historia del Arte, reiteró que Goya pintó a los duelistas sobre un suelo de hierba, y que fue la deficiente técnica de arranque de las pinturas de los muros de la Quinta del Sordo la que originó grandes pérdidas de superficie pictórica y el disimulo de las piernas por debajo de las rodillas, lo que favoreció la interpretación de que Goya los enterró.
Análisis
Esta pintura ha sido vista desde su creación (1819-1823) como la lucha fratricida entre españoles; en época de Goya las posiciones enfrentadas eran las de liberales y absolutistas. El cuadro fue pintado en la época del Trienio Liberal y del ajusticiamiento de Riego por parte de Fernando VII, dando lugar al exilio de los afrancesados, entre los que se contó el propio pintor. Por esta razón el cuadro prefigura la lucha entre las Dos Españas que se prolonga en el siglo XIX entre progresistas y moderados, y en general en las posturas antagónicas que desembocaron en la Guerra Civil Española.
Los críticos extranjeros del siglo XIX han visto tradicionalmente en esta obra una representación de una costumbre rural española, y han intentado localizar en alguna región geográfica (Charles Yriarte en Galicia) este bárbaro uso. Sin embargo, los intelectuales españoles, desde antiguo, rechazaron interpretarla como una pintura costumbrista. Su visión acerca del tema ha sido preferentemente simbólica: la muerte implacable, la discordia entre los hombres o las guerras civiles. Además, la observación de la fotografía de J. Laurent, tomada antes de su arranque y posteriores restauraciones en el Museo del Prado, plantea la duda sobre si los hombres estaban semienterrados entre hierba seca o en barro. Más interesante es observar una gran grieta en la pintura, prueba inequívoca de que fue fotografiada en la pared de la Quinta de Goya.
Los personajes aparecen muy en primer plano, como era habitual en los Desastres de la Guerra, destacándose de un lejano paisaje yermo e iluminados a contraluz, lo que era contrario a las convenciones del retrato de figuras humanas. Es posible que con ello pretenda reflejar la débil luz del alba en que se producían estos duelos de villanos. Solo aparece colorido en el paisaje y el cielo. Como contrapunto del drama brutal, percibimos la belleza de los azules del espacio aéreo y los matices rosáceos de las sombras de la tierra.
La composición está descentrada, pues los duelistas aparecen a la izquierda del cuadro, dejando un amplio paisaje de suaves lomas ocres y rojizas a la derecha. Este desequilibrio en la composición contraviene los cánones academicistas y neoclásicos y son habituales en otras Pinturas negras, , en la que los hombres se amontonan en un extremo del cuadro. Este tipo de composición orgánica, se basa en las líneas de fuerza y del movimiento y no tanto en la posición de las figuras, y es típica del Romanticismo. Goya ya la había usado en algunas series de grabados, como en la estampa nº 21 de La Tauromaquia, «Desgracias acaecidas en el tendido de la plaza de Madrid y muerte del alcalde de Torrejón» (hacia 1816), donde un toro ha saltado a la grada y cornea al público dejando toda la mitad izquierda completamente vacía.
En cuanto a la técnica pictórica, el cuadro está ejecutado con una rápida pincelada suelta, con poca carga de pintura y con gran libertad en cuanto a color y dibujo.